Desde aquel siete de diciembre ha corrido mucha agua bajo el muelle roto e inclinado que deberìa facilitarme el acceso al corazòn de mi barca by sin embargo no lo hace.
He aprendido algunas cosas. Que se puede querer a un barco es la primera. No se si comprenden mi idioma esos tablones de madera humanamente unidos con forma de botazo. Pero ellos me cobijan, aùn cuando llueva copiosamente. Aùn cuando las feroces diferencias que enfrentan a los hombres en el rìo la dejen atrapada en una indefensión que no soporto. Ya dos veces metieron litros de agua en su seno quizá para asustarme, en este mundo casi exclusivamente poblado por marineros rudos de manos callosas. No me doblegaron sus injusticias. Soy fuerte para defenderte y para restaurarte. Sueño con reparar el fondo de tu ser que por cinco años nadie a cuidado. Te llevarè al astillero con cada centavo prolijamente ahorrado, y con mis manos de dactilógrafa y letrada, lijarè tu vientre y te pondre masilla para cubrirte con nuevas tablas màs fuertes y seguras. Curarè tus heridas, acariciarè tus líneas y tus curvas junto con mi hijo y luego rezarè para que puedas navegar tu descanso y disfrutes de mis hijos igual que yo. Te lo prometo: Quedaràs preciosa, aunque ya sos hermosa a mis ojos, Barca. Faltan pocos dìas. Lo mejor està por llegar, para ambas!
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