Fue el siete de diciembre del año 2011 cuando firmé la sentencia de felicidad. Puse peso sobre peso en la mesa de reuniones de la Escribanía Barcia, haciéndome así nueva propietaria de la Barca, chata isleña a reformar a la que decidí trasladar mi hogar, el de mis hijos y mi perro de las nieves.
Creo que lo que finalmente me decidió fue que todos aquellos que sabían de mi proyecto, lo llamaron y lo siguen llamando "locura". Este es el certificado de calidad que ha llevado cada sueño mío que logré concretar y resultó ser una grandiosa e inolvidable aventura.
La idea de salir del mundo terrícola y dar rienda suelta a mi espíritu nómade, que fue lo único que me devolvió el álito de vida despues de la tragedia de mis padres. Me llevó siete años, lo que dura un ciclo de vida, dejar de mirar el río desde la costa y pasar a mirar la costa desde el río.
Me llevó medio siglo encontrar a D.os dentro de mi alma, y bastarme para encontrar. Como los monjes tibetanos, ya no necesito soñar con que otros me hagan feliz, o exigirles que me prodiguen atenciones y afecto. Me basta toda la perfección de la creación y me duele toda la destrucción de la "civilización". Me conmueve la inocencia de las aves bebiendo agua de los charquitos. Me duelen sus patas mutiladas por las lazadas de los niños crueles. Me resquebraja el corazón el trote de los caballos recargados, flacos y sedientos que los cartoneros explotan hasta que caen desfallecientes para luego vender su carne a algùn frigorìfico inescrupuloso. Me golpean el alma los perros perdidos y los cada vez menos gatos que son alimentados con venenos en los alrededores del Instituto Pasteur, nuevo Getto de Varsovia instalado en pleno Parque Centenario. Casi me asesinaron los abuelos insestuosos pedòfilos de su propia carne. Y no se, de verdad, no se como transcurrì desde la nada que me alejaba apenas de la muerte deseada hacia una obligaciòn de seguir adelante por mis hijos. No lo sé, pero ocurrió de alguna forma milagrosa.
Y ese perdurar fue tomando forma de vida cuando comencè a esbozar el boceto de trasladarnos a un barco. El sueño fue tomando sustancia, y en dos meses, vì tantos barcos como pude, absorbí por ósmosìs e intuí por obra de la telepatía, hassta que volvì por ella, la primera que habìa visitado.
Es posible amar una barca? Pues yo amo la mìa
Siento que he venido a rescatarla de una muerte segura tal como ella hace conmigo.
Cuando mi barca estè lista, partirè, hacia la locura de permitirme ser quien en verdad soy.
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