Por las mañanas suele despertarme el canto de los pàjaros que habitan el Paraná. Hoy me despertò Numi que ya aprendiò a subir al Club Nàutico como trapecista desde las distinas posiciones en que la Marea deja al barco, para olizquear la tierra y el viento, y dejar su pillada estampada como advertencia a los seis perros del administrador. Sin embargo Numi fue educado para la Paz y no lo dejamos trabarse en riñas, sobre todo porque nuestro territorio està delimitado por los doce metros de eslora y los tres y medio de manga. Mi mansiòn acuàtica es la màs bella. De noche, las cortinas atigradas brillan a la luz del farolito que cuelga del techo, y la alfombra persa le dà un toque oriental al loft mecedor.
Mis hijos duermen hasta tarde, aunque hoy Maia se despertó urgida por aliviar el reciclado orgánico y cada vez que pasa de la proa a la tierra, siento que mi corazòn se descontrola hasta que la traigo con el brazo fuerte hacia mí y nace de nuevo...
Mis otrora enemigos del rìo se calmaron con la acciòn penal que ganè en la justicia ràpida y eficiente de San Isidro. Ahora, y tal como rezan los Tehilím, mis enemigos son corderos y los ieudìm hemos atravesado las aguas una vez màs, sanos y salvos.
Amanecer a bordo es una experiencia repetidamente milagrosa. Me digo en cada despertar, que pronto dejarà de sensibilzarme abrir los ojos rodeada de este rìo marrón del que mi barco me protege. No cambiarìa mi chata por ningùn crucero ni mi rìo por el Mar Mediterraneo, aunque parezca una necedad.
Es este el paisaje que extrañe por años sin haberlo tenido todavia, cuando vivìa en cualquier parte. Es este el río que me viò nacer y probablemente sea mi última visión, cuando me llegue la hora.
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